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Don Quijote, armado caballero
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Mientras estaban todos los soldados sentados a la mesa, comiendo y riendo, sin embargo, uno de los asistentes no parecía estar contento, llamó a su general y le dijo:
- Señor, necesito hablar con usted, ¿es posible que venga conmigo?-
- Dígame que necesita -
- Necesito hablar con usted en privado por favor –
Cuando los dos estuvieron solos en una de las habitaciones de aquel lugar, el asistente se arrodilló ante el general y le dijo:
- No voy a moverme de aquí hasta que usted no acepte mi petición, quiero pedirle algo que siempre he deseado en mi vida…-
El general sorprendido por la actitud de su asistente, sin saber el motivo por el cual hacia eso y sin saber que contestarle, solo se atrevió a preguntar:
- Dime, lo que quieres –
- Solo quiero una cosa, quiero que me nombre usted soldado, toda mi vida quise serlo y ahora tengo la oportunidad – aún de rodillas, Don Quijote continuó – No me levantaré jamás de aquí, sin oírlo decir que me otorga el don de ser soldado, debe nombrarme caballero mañana para esta noche poder velar mis armas en la capilla de este lugar, lo único que quiero es ser un soldado, que mas tarde se convierta en un héroe, y rescate personas en peligro, salga victorioso en las guerras, y todo lo que hacen los soldados que no están dentro de un ejercito –
El general, que era un poco burlón, y habían llegado a sus oídos chismes de la locura de Don Quijote, trató de seguirle la corriente, y decidió darle por su lado, diciéndole que él haría lo que le pedía, y que la presencia y la imagen que él mostraba era una imagen de un soldado dedicado y que alcanzaría a recorrer muchas ciudades, haciéndose conocido por sus hazañas, además le dijo que podía usar una de las habitaciones de la casa para velar sus armas, pero que no podía ser la capilla porque en ese momento estaba siendo remodelada.
Don Quijote no perdió el tiempo, se puso de pie con intención a retirarse, pero el general le pregunto si traía dinero y a un asistente que lo acompañase, don Quijote respondió que no, que en ninguna de las películas que él había visto, el soldado tenía que llevar dinero ni tener un asistente, a lo que el general le contestó:
- ¿Tu no eras un asistente?, entonces ahora que ya eres soldado debes conseguirte uno, alguien que te ayude con el transporte de las armas, etc. Como el trabajo que hacías tu antes de convertirte en un soldado; además también debes cargar dinero, porque cuando tengas que ir a un lugar desconocido, debes pagar por el hospedaje y por la comida, siempre hay necesidades.-
Don Quijote asintió con la cabeza y se marchó rumbo a la habitación que el general le había dado para velar sus armas, las colocó todas en fila y empezó a dar vueltas alrededor de ella, observándolas y cuando comenzó esta acción ya empezó a caer la noche.
Contó el general a todos los demás soldados acerca de la actitud del Quijote, y todos con una actitud de sorpresa y de burla se dirigieron a la habitación donde se encontraba Don Quijote; todos lo observaban detenidamente hasta que uno de ellos tuvo la necesidad de sacar algo de esa habitación, este soldado entró, y desarmando la fila de armas sacó lo que necesitaba, de pronto el Quijote reaccionó y dijo:
- ¡Oh tú, quienquiera que seas, atrevido, no ves que estoy velando mis armas, como eres capaz de tocar las armas de este soldado! Mira lo que haces y no las toques, si no quieres morir por tu atrevimiento.
El soldado no le dio importancia y continuó haciendo lo que quería, a lo que el Quijote respondió dirigiéndose a su amada dulcinea diciendo que lo ayudase y le diese fuerzas para continuar.
Luego de hacer esto, cogió una de sus armas y la estrelló en la cabeza del soldado, este cayó al suelo sin poder levantarse y sin decir nada; otro soldado que no sabía de lo ocurrido entró con las mismas intenciones del otro, tratando de sacar algo del lugar donde se encontraban las armas, igual que el primero movió las armas y don Quijote no pudo contenerse y por segunda vez alzó el arma con la que había golpeado al primer soldado y la tiró contra el segundo soldado. Esto ocasionó una discusión entre los soldados, todos insultaban a Don Quijote y este no se separaba de sus armas, como para no dejarlas desamparadas, y el general lo único que decía era que lo dejasen, que como era loco nadie podría detenerlo y lo mejor era darle por su lado, pero no solo ellos eran quienes insultaban, por que don Quijote empezó a llamarlos traidores y comenzó a insultarlos sin poder parar.
Después de un momento de caos, todo pasó, los heridos fueron llevados fuera y todos los soldados se retiraron dejando solo a Quijote velando sus armas y al general diciéndole que disculpase todo eso y que ya podía dejar de velar sus armas, que ya lo había hecho por demasiado tiempo y ahora debía hacer otras cosas, Don Quijote le creyó todo, y poniéndose a sus ordenes escuchó atentamente.
Luego de todas las indicaciones y buenos deseos de las mujeres de la casa, partió de allí, sobre su caballo Rocinante, hacia un destino que ni el mismo conocía.
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